El fuego no da tregua en la provincia de Corrientes. Un nuevo y voraz incendio arrasó unas 20.000 hectáreas forestadas y 30.000 hectáreas de campo en el norte de la provincia, en Gobernador Virasoro. En tanto, en la zona de Santa Rosa se prendieron fuego otras 150 hectáreas y tres aserraderos que lograron ser controlados.

En diálogo con LA NACION, Víctor Navajas (h), del Establecimiento Las Marías, explicó que allí los daños fueron menores pero junto al consorcio del fuego se trabajó en campos vecinos donde las pérdidas fueron mayores. «Esta es la cuarta peor sequía desde hace 50 años en la zona. En agosto llovió muy poco y en octubre, que siempre viene llovedor, no ocurrió así», sostuvo.

El empresario yerbatero contó que hubo dos focos grandes, uno que se inició en la ruta 41 y la 37 sobre la Laguna del Iberá. «El otro empezó sobre la ruta 120, que une la ruta 14 con la ruta 12, recorrió más de 25 kilómetros y llegó hasta Las Marías pero luego se confinó en el estero del Ayuí», detalló.

Juan Ramón Sotelo, presidente de la Asociación del Plan Estratégico Foresto-industrial de Corrientes (Apefic), explicó que la situación que se vive es crítica y sobre todo sin lluvias a la vista. Con un promedio anual de 1500 milímetros, hasta el momento llevan caídos menos de la mitad milímetros de agua. «Es muy preocupante porque el panorama hacia adelante no es alentador, porque la lluvia pasa de largo y por lo que sabemos La Niña nos va a dejar sin precipitaciones hasta marzo del año que viene», indicó.

En este contexto, Pedro Botta, ingeniero agrónomo y asesor forestal en AZ Group, contó que la gran sequía en todo Corrientes viene de principios de año, «que al aumentar la temperatura, la poca humedad en el ambiente, sumado al viento norte, era un momento propicio para que con cualquier accidente se desate un foco».

Santa Rosa es un pequeño pueblo de 20.000 habitantes del norte correntino, allí hay más de 50 industrias madereras que están trabajando al máximo de su capacidad, unas 20 de ellas se encuentran dentro del casco urbano. En los últimos días, tres aserradores se prendieron fuego.

Para Sotelo, el problema en los aserraderos surgió porque la mayoría de las industrias madereras estaban guardando biomasa para vender a las generadoras de energía pero se demoró la compra.

«Se acopió tanto material de aserrín que generó combustión. Uno de ellos fue clausurado y se lo está investigando para ver si no fue manera intencional. Las prevenciones en las industrias grandes son buenas pero los aserraderos más pequeños no están en las mismas condiciones y el peligro más fuerte reside en los que están dentro del egido urbano», puntualizó.

Ignacio Méndez Cunill trabaja en Eucafores, firma que gestiona unas 2500 hectáreas de forestaciones de eucaliptos en distintas zonas de Corrientes. En el día de ayer, en el establecimiento de 500 hectáreas que poseen en Chavarría, tuvieron un foco. Gracias a la actuación temprana del personal y de los bomberos de la zona, solo se afectaron cinco hectáreas. «Lo más importante es tener al personal capacitado para manejar forestaciones y que actúe rápidamente. Es clave controlar el foco en las dos primeras horas del inicio del fuego», señaló.

Para Méndez Cunill, el panorama por delante es muy complicado por eso es fundamental para controlar el fuego en este momento de sequía extrema, «restringir la quema de pastizales en los bañados secos», una costumbre cultural del lugar para que rebrote y venga pasto nuevo para dar de comer a la hacienda.

Por otra parte, Botta destacó la importancia en la prevención, porque «si bien el gobierno provincial ha invertido en insumos, en este momento no hay infraestructura que aguante con focos tan dispersos». Asimismo, explicó que «si los incendios se apagan enseguida o llueve, el daño puede ser menor y la parte interna de la madera de los árboles que no está afectada se puede comercializar «.

Por último, por la falta de agua en la zona, Navajas prevé estimativamente una pérdida del 15% de la producción solo en la yerba mate.

Fuente: La Nacion.-