Kim llegó a Argentina desde Corea en 1976, a los 18 años, acompañado por su familia, sin recursos ni conocimientos del idioma local. Se establecieron en la villa 1-11-14, en el Bajo Flores, donde comenzaron a trabajar con una sola máquina textil que operaban entre todos, repartidos por turnos.
Al año ya contaban con 20 máquinas y la familia fundó una compañía que se transformó en una de las mayores tejedurías del país con una planta de 30.000 metros cuadrados en San Martín y más de 470 empleados.
La crisis del sector textil
El propio Yeal Kim, quien fue presidente de la Fundación Pro Tejer y es integrante del Consejo de Administración de la entidad, comentó que Textil Amesud vive un duro momento; «Es inviable una empresa que pueda trabajar con menos del 30% de su capacidad«.
Esto se dio porque las grandes empresas que solicitaban sus servicios empezaron a importar productos terminados producto de la apertura de importaciones. Eso llevó a que la firma redujera su planta de 430 a 250 trabajadores y su producción de 700 a 150 toneladas y tenga en consideración suspensiones y reducciones de horarios.
La situación de Amesud no es un caso aislado; según datos de la Fundación Pro Tejer, en los primeros dos meses del año, la industria textil argentina llegó a un nivel crítico de capacidad ociosa, con 7 de cada 10 máquinas detenidas.
Solo en febrero de 2026, la producción industrial textil mostró un descenso del 33% interanual y una contracción del 36% en comparación con el mismo mes de 2023. El retroceso se extendió también al sector de prendas de vestir, cuero y calzado, cuya fabricación cayó 18% frente a 2025 y 20% frente a 2023.
En ese sentido, el informe sostiene que la pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento de servicios básicos restringen los fondos que los consumidores destinan a este tipo de productos. Eso, sumado al ingreso de plataformas como Temu y Shein más la liberalización de los controles aduaneros, hizo que baje considerablemente la producción textil nacional.