CARNE ARGENTINA A LA UNIÓN EUROPEA:CRECE LACOMPETENCIA

En volumen la UE representa el 8% de las operaciones totales frente al 72% de China, aunque el valor es el doble en el primer caso.

 La carne argentina sigue siendo un producto apreciado en la Unión Europea (UE) pero hay importadores que coinciden en que ya no es lo que era y que los problemas de discontinuación en los envíos y de la heterogeneidad de calidad «confunde» a los consumidores. Otros flancos de esa competencia se presentan por el crecimiento de Uruguay, de las carnes orgánicas certificadas de Nueva Zelanda y de la misma UE, aunque más baja de calidad, y con el buen precio de las brasileñas.

Mauricio Tripodi, dueño de DAT -una empresa familiar de importación de carne en Colonia (Alemania) que distribuye a toda la UE- explica que en la última década el valor de la carne exportada a Alemania bajó alrededor de 40%. Distribuyen a gastronómicos y también tienen locales de venta final al público; plantea que para los primeros la variable precio es clave y desde que hay más para elegir, suplen la argentina.

En el caso de los clientes finales, en mercados de más poder adquisitivo, la competencia directa es con los sellos orgánicos y con primera calidad por ejemplo, de Estados Unidos. «Son hasta 20% más caras que las argentinas, pero quien quiere consumir con tranquilidad de conciencia, sabiendo cómo se crió el animal, qué comió, cómo viajó, desde dónde paga», plantea.

En julio pasado se asignaron las 28.538,857 toneladas de Cuota Hilton para la UE que llega hasta el 30 de junio próximo; son 30 los frigoríficos que la integran. Hasta noviembre (último dato disponible) la Argentina exportó 917.000 toneladas de res con hueso. El mercado europeo además de la Hilton recibe la denominada cuota 481 (carne de animales terminados a corral y que durante 100 días engordaron 1,2 kilos por día). Las dos variantes son de alta calidad e incluyen reducción y eliminación (dentro de un determinado cupo) de aranceles, respectivamente. Por fuera de esas cuotas, también hay exportaciones.

En volumen la UE representa el ocho por ciento de las operaciones totales frente al 72% de China, aunque el valor es el doble en el primer caso. Alemania, como puerta de entrada al continente, es primera en el ranking.

Roberto Jellinek lleva 32 años en el Reino Unido, fundó la importadora Building Bridges y, hace menos, Casa Argentina en Londres un restaurante y venta de productos. «Cada país tiene preferencia por determinados cortes; intentamos diferenciarnos y hemos logrado avanzar fuera de los convencionales que son cuadril y lomo con la entraña y la colita de cuadril que permite a los gastronómicos ofrecer una experiencia distinta». Coincide en que las carnes argentinas tienen «fama y tradición» vinculada a la idea de las «pampas» pero advierte que Uruguay viene pisando «fuerte» y que Brasil pelea también en la isla con precio.

En precios, un corte promedio argentino cuesta alrededor de 20 libras ($2304) frente a las seis de un corte inglés ($691). Jellinek explica que salvo en coyunturas muy puntuales, no hay carne argentina en las grandes cadenas de supermercados. «Las cuatro más importantes se plegaron fuerte a una campaña de compre nacional; sí se puede encontrar en locales Premium y en tiendas especializadas», aporta.

El mercado británico requerirá, con su salida de la UE, una estrategia particular por parte de los exportadores argentinos. Los brasileños esperan que crezca la demanda después del Brexit y están en carrera para aumentar su participación.

La empresa DAT tiene una venta al público en Jerez de la Frontera (España) y desde allí distribuye a todo el país. El kilo de colita de cuadril está a 14,20 euros ($1479); el de lomo alto a 25,90 euros ($2698) y el de solomillo vacuno a 42,90 euros ($4469). En España sí se consigue carne argentina en supermercados masivos.

La pérdida de participación en la UE se vincula con la focalización en China de los exportadores; es una tendencia que lleva alrededor de cinco años. Tripodi señala que en ese proceso influyeron los cortes de exportación, los precios volátiles y las calidades que varían.

«Dejamos un mercado abierto y otros países lo supieron aprovechar muy bien. La Argentina no es la única que produce buena carne, hay otros que ofrecen valor agregado con técnicas nuevas de alimentación y de maduración y enfatizando la trazabilidad. La transparencia es muy valorada en los mercados de alto poder adquisitivo. Hemos perdido confianza y hay que reconstruirla. Es posible hacerlo, hay chances», dice.

Fuente: Rurales El País

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