EL MUNDO CAMBIO: CHILE EXPORTA MAS PROTEÍNAS CÁRNICAS QUE LA ARGENTINA

Podemos intentar disfrazar las cosas con diferentes argumentos. Pero los datos son imbatibles: Chile exporta muchas más proteínas cárnicas que la Argentina.

En 2020 las exportaciones chilenas de pescados cultivados (salmones y truchas) y de carne porcina, aviar y vacuna sumó 5734 millones de dólares, mientras que las ventas argentinas de carnes animales fueron el año pasado de 3419 millones de dólares.

Podríamos hacer un esfuercito y sumar también las divisas ingresadas por la pesca argentina de pescados y mariscos, tanto frescos como elaborados, que en 2020 fueron de 1712 millones de dólares. Pero tampoco llegamos porque el número final sería de 5131 millones. Sigue ganando Chile a pesar de su raquítico y delgado territorio cordillerano.

Chile logró aprovechar la nueva coyuntura agroalimentaria global. Al tener un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China y EE.UU., tiene arancel cero para ingresar proteínas cárnicas a sendos mercados, que son los mayores compradores de alimentos del mundo.

La ironía es que, como Chile no se autoabastece de maíz y harina de soja, debe importar buena parte de esos insumos para producir carne porcina y aviar, además de salmones y truchas. Y la Argentina es el principal proveedor de esos recursos.

La segunda gran ironía es que Argentina podría aprovechar su gran producción de granos para transformarse en un gran productor y exportador de salmones en Tierra del Fuego, pero en la Legislatura de esa provincia avanza un proyecto para prohibir la actividad en la región al considerar que esquilma el ambiente.

Sin embargo, los fueguinos no tienen problema alguno en esquilmar al resto de los argentinos con artículos digitales y electrodomésticos de calidad dudosa a precios exorbitantes, algo posible gracias a la protección del régimen de promoción industrial vigente en Tierra del Fuego.

Tampoco se muestran reacios a que un pequeño grupo de pseudo-empresarios consuma un caudal excesivo de divisas, además de contribuir a generar un mayor impacto en el proceso de cambio climático, dado que importar piezas para ensamblarlas requiere mucho más recursos económicos y energéticos que importar el producto terminado desde el país de origen.

Los fueguinos tienen derecho a vivir como mejor les parece, pero no a costa de los demás argentinos, razón por la cual el régimen de promoción industrial, que rige hasta 2023, debería ser completamente desmantelado a partir de ese año.

El de las proteínas cárnicas es el espejo más crudo para observar el potencial productivo desperdiciado en la Argentina. Pero no es el único.

En 2020 Chile exportó cerezas por 1598 millones de dólares, mientras que las ventas externas de todas –todas– las frutas frescas argentinas generaron divisas por 677 millones de dólares. Las colocaciones chilenas de uvas frescas (1051 M/u$s) fueron superiores a todas las ventas de lácteos argentinos (977 M7u$s). Las ventas chilenas de vinos embotellados fueron en 2020 un 87% superiores a las argentinas.

Podríamos seguir con varios rubros más. Y en todos los casos veríamos que, lejos de acciones para promover el desarrollo y la generación de empleo genuino, los emprendedores de las diferentes regiones productivas argentinas se encuentran con una gran máquina de impedir cargada de impuestos, regulaciones y déficits crónicos de infraestructura, además de un cambio constante de las reglas de juego.

Chile logró terminar el pandémico año 2020 con exportaciones de bienes totales por 35.391 millones de dólares, una cifra 2,6% inferior a la registrada en 2019. La Argentina, en tanto, cerró el año con ventas externas por 54.884 millones de dólares, lo que representa una caída del 15,7% versus el 2019.

Buena parte de los argentinos aún siguen imaginando su país como la mítica nación de la carne, el vino y las empanadas. Pero en el mundo del comercio internacional somos, en el mejor de los casos, una anécdota risueña.

Fuente: Bichos de Campo.-