!TERMINENLA CON LOS AGROTOXICOS!

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Es el término despectivo y deformante de la verdad que utilizan algunos comunicadores y organizaciones supuestamente ambientalistas. La realidad es abiertamente distinta.

Es el término despectivo y deformante de la verdad que utilizan algunos comunicadores y organizaciones supuestamente ambientalistas. La realidad es abiertamente distinta.

La imagen se queda en una ciudad de Nebraska, Estados Unidos, hace unos diez años. Un muy lindo hotel en las estribaciones del área urbana. Y la soja enfrente, en un lote cruzando la calle. Es la misma visión que han tenido muchos viajeros vinculados a la actividad que han recorrido este país o incluso algunas naciones de Europa. Se cultiva hasta los límites, y no se escuchan polémicas al respecto. Utilizan los mismos productos que se emplean en la Argentina, porque hasta el presente no existe otra solución para sostener la obtención de alimentos que requiere el planeta.

Muchos de estos químicos, en realidad la gran mayoría, son banda verde y han sido desarrollados y testeados para generar los menores inconvenientes al hombre y al ambiente. Incluso son menos peligrosos que los que guarda un ama de casa en la alacena para eliminar insectos domésticos. Sin embargo, algunos prefieren mantener el relato.

Nada más condenable que el mal uso de agroquímicos en el agro, pero es un sinsentido cuestionar su empleo. De ahí el valor de un reciente documento del INTA, que pone de relieve la imposibilidad de sostener a una población creciente en el planeta sin ponerles limites a plagas, malezas y enfermedades en los cultivos.

Para cuando termine este año alrededor de 8.000 millones de personas habitarán este mundo, y vienen más en camino. La «fabrica» de alimentos trabaja cada vez más exigida, porque además de batallar con fenómenos climáticos como La Niña o el calentamiento global, no se logra poner en caja la generación de desperdicios, que asciende a unos 1.300 millones de toneladas anuales, como mínimo. La indolencia de muchos consumidores, sobre todo en el mundo desarrollado, echa por tierra parte de los esfuerzos del agricultor.

En tanto, el esquema productivo se va mejorando, pero es imposible generar un cambio abrupto. Para desalentar algunas fantasías, el propio INTA reconoce que «la agricultura argentina no puede prescindir completamente de los productos fitosanitarios sin poner en riesgo el volumen y la calidad de la producción».

Precisamente un informe del European Parliamentary Research Service asegura que si no se usaran estos productos de síntesis química, los rendimientos se reducirían entre un 19 y un 42 por ciento, dependiendo del cultivo. Y en el caso de los cultivos extensivos más difundidos es probable que el número esté más cerca de 42 que de 19. El propio planteo totalmente orgánico es conocido por estar vinculado a una fuerte caída de los rendimientos respecto de los sistemas convencionales. Traducido al criollo, sin el uso de agroquímicos, y hasta tanto se descubra alguna nueva alternativa, las hambrunas en el planeta serían insostenibles.

En el caso del productor argentino hay que subrayar su extremo profesionalismo, su apego por el uso de productos banda verde y el auge las aplicaciones selectivas, entre otras cuestiones. Todo en un contexto en que crecen las exigencias de los mercados respecto del cuidado del ambiente y la salud humana. La mejor de esta historia es que el agroempresario local sabe cómo producir más alimentos con un fuerte respeto por la sustentabilidad. De hecho lo viene haciendo hace rato.

Hay que decir además que varios de los investigadores más destacados del país están trabajando en planteos con menor uso de agroquímicos. Incluso hay un crecimiento en el empleo de bioinsumos y toda una movida que está testeando sistemas que claramente bajan la carga de herbicidas, sobre todo combinando los nuevos productos de origen natural con el uso de cultivos de servicio.

Asimismo se han ido afinando las aplicaciones, se tiene conciencia de la necesidad de contener la deriva, de analizar las condiciones climáticas en que se va a realizar la aplicación, el tipo y tamaño de la pastilla, y el destino final de los envases. Se respetan las indicaciones, sobre todo la receta agronómica surgida de un profesional en la materia.

Sin duda alguna existe la voluntad de ir tras nuevas opciones y se le está buscando la vuelta, con la lupa puesta en las transformaciones genéticas de los vegetales y el mundo de microorganismos que habitan el suelo. Ellos tienen muchas de las respuestas que aún desconocemos.

No hay que descartar un futuro sin agroquímicos, quizás en veinte o treinta años. ¿Quién sabe? Mientras tanto, la prioridad seguirá siendo alimentar a la humanidad. Y para eso con la demagogia no alcanza.

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