¿PUEDE INTA CONFUNDIR EL STOCK BOVINO CON LA PRODUCCION DE CARNE?SI DEJA UTILIZAR SU PRESTIGIO PARA HACER POLITICA, SEGURO QUEDARA «pINTAdo»

Ya sonaba sospechosa, la semana pasada, la constante apelación del nuevo ministro de Agricultura, Julián Domínguez, al INTA y a las universidades públicas. En todo momento, mientras anticipaba ante la prensa el final del cepo a la carne vacuna (que todavía no se produjo) y un nuevo récord exportador de bifes (que definitivamente no se producirá), el político de Chacabuco argumentaba una y otra vez que sus políticas para el sector estarían basadas en los conocimientos científicos de los expertos del INTA y de las facultades.

“La Argentina necesita más que nunca del INTA”, declaró el propio Domínguez el 29 de septiembre, tras sostener una reunión con la cúpula de ese organismo descentralizado y supuestamente autárquico.

Lo primero que pensó este cronista cuando leyó aquella gacetilla de prensa es en dar vuelta esa frase, corrigiendo al nuevo ministro: “El INTA necesita más que nunca de la Argentina”.

¿Por qué? Es sencillo: todo el mundo que está vinculado con el INTA sabe que hay múltiples cosas para discutir con seriedad y que definirán el futuro de ese organismo. A saber:

  • Hay avances de muchos políticos sobre los campos del INTA. Ya hubo casos en Salta, en Catamarca y en Bichos de Campo hemos contado que también hay apetencias de municipios y organizaciones sociales sobre los estratégicos terrenos del INTA Castelar, la joya de la abuela. Desde la conducción del INTA y del Ministerio de Agricultura nadie parece estar resistiendo estas ofensivas.
  • Los investigadores y técnicos del INTA están todos bastante mal pagados y hay un evidente proceso de migración de cerebros hacia el sector privado. Los sindicatos guardan un llamativo silencio sobre este éxodo, más preocupados por jugar a la política nacional. Pero todos conocen esta sangría y saben que le costará caro a un organismo donde el activo más valioso son sus recursos humanos.
  • Luego de una serie de debates y proyectos fallidos, el INTA se merece discutir una nueva integración para su Consejo Directivo, donde hoy están representadas las entidades tradicionales del agro pero no otras expresiones, como las de la agricultura familiar. Esta es una discusión que se debe dar con todos y de cara a todos. Con responsabilidad.
  • El peronismo regresó al poder en 2019 prometiendo una ley para crear un fideicomiso o algo parecido que -con los recursos que el propio INTA recauda como tasa de importaciones- permitiera sostener las investigaciones de largo plazo que debe llevar a cabo un instituto de esta envergadura. Hoy esa plata está disponible pero se la lleva la Tesorería, a modo de préstamo que nunca se devuelve. Mientras tanto, los investigadores hacen malabares para sostener sus ensayos con plata del Prohuerta (cuando a Juliana le gustaban las huertas orgánicas) o con programas para mujeres rurales (ahora que a Fabiola la conmueven este tipo de empoderamientos).

A pesar de todos estos apuntes que ameritan una discusión mucho más seria sobre el presente y futuro del INTA, ante la invocación del nuevo ministro (“La Argentina necesita más que nunca del INTA”) la conducción del organismo le  respondió a Domínguez: “Tenemos equipo, estamos orgullosos de que confíe en nosotros. Tenemos una multiplicidad de miradas pero trabajamos por consenso. Cuente con nosotros ministro”.

Quizás se trate de una estrategia brillante de la conducción del INTA que este simple observador no logra desentrañar. Quizás se trate de aceptar esta repentina revalorización para poder, a partir del rol protagónico asignado por el nuevo ministro, discutir los problemas terrenales que afectan el funcionamiento del INTA en todos los niveles.

¿Pero qué nos garantiza que no sea finalmente el ministro Domínguez quien haga usufructo políticos de la imagen del INTA sin darle al organismo nada a cambio ni abordar sus propios padecimientos?

La invocación al INTA y a las universidades públicas, por cierto, son un codiciado capital para cualquier político. Citarlos como fuentes de sabiduría para la elaboración de las medidas (en este caso en materia de carnes) es una colaboración invalorable para cualquier funcionario expuesto a la presión de la opinión pública.

¿Pero cómo van a dudar de la eficacia de la apertura de las exportaciones de vaca conserva a China que anunció el ministro Domínguez si es una medida que nació de las agudas recomendaciones científicas que realizó el INTA?

Lo más llamativo de todo es que, al anunciar la semana pasada que la carne sería considerada un “bien cultural” y que por lo tanto se comenzarán a observar los saldos exportables de ese alimento, el arrollador ministro de Agricultura dijo que en noviembre (luego de las elecciones) convocaría a expertos del INTA y de las universidades para desarrollar -a partir de sus consejos- un nuevo esquema de control y regulación del comercio.

¡Qué lindo! ¿Qué pensará el investigador del INTA que está ocupado en ver cómo emiten metano las vacas cuando el ministro Domínguez lo invoque como responsable de eventuales nuevas restricciones al comercio? ¿Y qué pensarán entonces los productores ganaderos de ese investigador del INTA?

La utilización política de un organismo de la talla del INTA luce por cierto muy probable, y por ende peligrosa. Sobre todo cuando la conducción del organismo se deja utilizar de manera tan dócil, y sin reclamar soluciones de fondo para sus propios problemas, ni pone condiciones para su propio desarrollo.

Una triste prueba de ello es el último informe del INTA Informa, el medio institucional en el cual el organismo tecnológico informa a la comunidad sobre sus avances. La nota se titula “La Argentina apuesta al crecimiento de la producción ganadera” y cita que “un informe convalidado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y el INTA brinda proyecciones con datos sobre producción, exportación y consumo vacuno en el país para lo que resta del año”.

Uno de los problemas es que nadie dio a difusión el informe completo, como suele suceder con otras investigaciones del INTA.

El otro problema, y el más grave, es que de entrada (en su primer párrafo) los supuestos investigadores del INTA que escribieron el documento confunden el stock bovino con la producción de carne vacuna, cuando son dos indicadores que no necesariamente van de la mano. Uno puede producir más o menos carne con el mismo stock, mejorando tasas de preñez, destete o incluso modificando la alimentación de los bovinos, para que esos ejemplares pesen más kilos al momento de la faena. De esto saben un vagón los especialistas del INTA: hace décadas que investigan ese tipo de cosas.

“Según el informe presentado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y convalidado por el INTA, para fines de 2021 la producción ganadera alcanzará los 53,5 millones de cabezas”, comienza el documento con esa grosera confusión entre cantidad de vacunos y producción de carne.

 

Recién después de ese pifie histórico ofrece algunos datos productivos que ha venido difundiendo el ministro Domínguez como para justificar sus posiciones públicas sobre “exportaciones récord de carne”. Los analistas proyectan la faena a diciembre para llegar a un total de 13.293.089 cabezas faenadas, del cual podrían obtenerse 3.031.145 toneladas.

Quizás cuando llegue diciembre nadie se acuerde demasiado de estas estimaciones, que pueden ser más o menos certeras porque eso son, cálculos.

Pero tristemente todos nos acordaremos de un ministro de Agricultura bastante arrebatado y poco prudente que arrastró al INTA (y a las universidades públicas, que suenan más cool todavía) hacia una aventura de la que nadie tiene certezas y de la que el organismo tecnológico agropecuario seguramente saldrá más malherido, pues estará pINTAdo.

Por: Matias Longoni.-

Bichos de Campo.-