29 de septiembre de 2026

LOS RIESGOS DE EL NIÑO: EL TE, LA YERBA MATE Y LOS CITRICOS DEL NEA TAMBIEN ELEVAN SUS ALERTAS

TE PRODUCCION

Un informe de la Fundación Mediterránea analiza el posible impacto de El Niño en las economías regionales del NEA: lluvias superiores a lo normal entre septiembre y noviembre, y riesgo de heladas tardías que afecten cultivos y plantaciones.

Dos fenómenos climáticos concentran la atención sobre el NEA, Paraguay y el sur de Brasil de cara a los próximos meses: las heladas tardías y el regreso de condiciones asociadas a El Niño.

De acuerdo con un análisis del Instituto de Estudios (IERAL) de la Fundación Mediterránea, la combinación de ambos eventos puede generar impactos muy diferentes según el cultivo y obligar a productores y autoridades a extremar la planificación.

Históricamente, cabe recordar que El Niño tiende a favorecer a los cultivos de verano, como soja, maíz y arroz, mientras que puede generar mayores dificultades sobre los cultivos de invierno.

En el caso de las producciones perennes, como yerba mate, té y cítricos, el impacto es más complejo y queda sujeto principalmente a la intensidad y distribución de las lluvias.

Pero para el NEA, el escenario que proyectan los organismos meteorológicos agrega un elemento particular: no se trata solamente de que llueva más, sino de cuándo, dónde y con qué intensidad se concentren esas precipitaciones.

El Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF) y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) anticipan lluvias y tormentas intensas durante septiembre, octubre y noviembre.

EL NIÑO Y UN MAPA QUE PREOCUPA AL NEA

Según el informe de IERAL, las mayores probabilidades de precipitaciones superiores a las normales se concentran en Misiones y Corrientes, además del este de Chaco y Formosa.

Para el trimestre analizado, se proyecta principalmente una anomalía de alrededor de 50 milímetros por encima de los valores habituales.

 

El organismo advierte, además, que el escenario no debe interpretarse únicamente a partir de los promedios trimestrales. El SMN recomienda seguir los pronósticos diarios y semanales y consultar el sistema de alerta temprana, debido a que pueden registrarse episodios de una intensidad mayor a la habitual.

A este escenario se suma una particularidad del invierno que acaba de atravesar la región. Las temperaturas inusualmente elevadas adelantaron el brote de algunas plantaciones, dejando tejidos vegetales más expuestos a eventuales descensos bruscos de temperatura.

En ese contexto, las heladas tardías aparecen como otro factor de riesgo, especialmente por su vínculo con la aparición y el avance de plagas.

La situación hídrica de los suelos también marca diferencias importantes dentro de la región. El informe, elaborado con información del SMN, señala que Misiones presenta alrededor del 90% de agua útil en el perfil, mientras que el noreste de Corrientes alcanza valores de entre 70% y 80%. En otras zonas correntinas, en cambio, la disponibilidad se ubica entre 20% y 30%.

En Chaco y Formosa, el panorama también es heterogéneo: aproximadamente la mitad de sus territorios, desde el centro hacia el este, presenta cerca de 30% de agua útil, mientras que las áreas próximas a Salta se encuentran alrededor del 10%. Para IERAL, esta situación puede traducirse en atrasos en la siembra y dificultades para realizar tratamientos fitosanitarios, dependiendo de las características de cada cultivo.

EL NIÑO: RIESGOS OPERATIVOS Y PRODUCTIVOS

El informe divide los posibles efectos de este escenario en dos grandes grupos: riesgos operativos y riesgos productivos. La diferencia resulta clave porque una lluvia abundante no necesariamente implica una pérdida de rendimiento, pero sí puede dificultar las tareas necesarias para llegar a una buena campaña.

“En los cultivos estivales, las principales dificultades estarían vinculadas con la operatoria. El exceso de precipitaciones puede complicar la preparación de los lotes y retrasar las labores de implantación. Las heladas tardías, en cambio, tendrían un impacto potencialmente menor sobre estos cultivos”, dice el informe del IERAL.

Los cultivos de invierno aparecen como uno de los segmentos más expuestos a la combinación de fenómenos. Allí, las lluvias intensas pueden afectar los rendimientos y, al mismo tiempo, generar condiciones favorables para la aparición de plagas y enfermedades, especialmente hongos. El problema no termina en la producción: la sanidad comprometida también puede repercutir sobre la calidad del grano.

Para las producciones perennes características del NEA, el riesgo tiene dos caras. Por un lado, las precipitaciones pueden afectar los caminos rurales, dificultar el ingreso de maquinaria y complicar el tránsito de camiones. Por otro lado, las heladas tardías pueden generar un impacto productivo directo sobre las plantaciones.

 

En este último punto, IERAL advierte que la afectación de plagas asociada al escenario climático podría comprometer hasta un 30% de la brotación. Se trata de un riesgo particularmente relevante para actividades que dependen de una adecuada evolución de las plantas durante las primeras etapas del ciclo.

EL NIÑO: LA LUPA SOBRE LAS LLUVIAS

A nivel nacional, las condiciones asociadas a El Niño suelen inclinar las probabilidades hacia una mejora de los rendimientos agregados de los cultivos estivales. Sin embargo, el informe plantea que trasladar automáticamente esa expectativa al NEA sería insuficiente: allí, el resultado dependerá de cómo se distribuya el agua y de la capacidad de la región para sostener la actividad cuando los excesos se transformen en un problema operativo.

“La concentración de abundantes precipitaciones entre septiembre y noviembre podría favorecer a granos como la soja, el maíz y el arroz”, señala el análisis.

Pero inmediatamente advierte que ese beneficio potencial puede convivir con retrasos en la siembra, dificultades para circular por los caminos rurales y problemas sanitarios cuando las condiciones impidan realizar los tratamientos en tiempo y forma.

 

Por eso, el informe pone el foco en un aspecto que muchas veces queda relegado frente al pronóstico climático: la infraestructura. La posibilidad de capturar los beneficios productivos de un año con mayor disponibilidad hídrica dependerá también del estado de los caminos secundarios y terciarios y de la capacidad de los sistemas de drenaje para evitar que el exceso de agua quede acumulado.

En este sentido, IERAL plantea que el sector público tendrá como desafío el mantenimiento de los cauces de arroyos y ríos para favorecer el escurrimiento y reducir el riesgo de anegamientos, además de sostener en condiciones los caminos rurales.

Para el sector privado, en tanto, el foco estará puesto en anticiparse a los problemas sanitarios y ajustar las prácticas de manejo. En una región donde El Niño puede aportar agua para sostener el potencial de los cultivos estivales, el desafío no será solamente recibir más lluvia, sino lograr que ese recurso llegue en el momento adecuado y pueda convertirse en producción sin que los excesos climáticos terminen jugando en contra.