14 de agosto de 2026

CORRIENTES: ¿Y SI HACEMOS UNA PICADITA DE BUFALO? FABIAN Y CAROLINA INTENTARON CON EL ASERRADERO EN EL NORTE CORRENTINO, PERO SE REINVENTARON CON LA PRODUCCION DE CARNE SALAMES Y LACTEOS DE ESA ESPECIE

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La historia de Fabián Zanatta y Carolina Campo es una de esas que sintetizan la adaptabilidad, el ingenio y la innovación en un tiempo complejo para el sector productivo. Apenas hablan, el acento los delata. Ambos son cordobeses, oriundos de Colonia Tirolesa, y desde hace casi dos décadas se radicaron en Ituzaingó, en el noreste de Corrientes para desarrollar un emprendimiento maderero. Sin embargo, los vaivenes económicos y el freno de esa actividad los llevó a reconvertirse. Hoy encuentran en la ganadería bubalina un nuevo horizonte.

“Nosotros vinimos a Ituzaingó a poner un aserradero, arrancamos hace 18 años. Vengo de una familia de madereros y por eso nos vinimos acá a trabajar con madera de eucaliptus para abastecer allá en Córdoba. Ahora, con las últimas circunstancias de la situación económica, se complicaron las ventas en el mercado interno y se paró todo en el aserradero”, contó Zanatta en diálogo con Bichos de Campo.

Ese punto de inflexión abrió la puerta a una actividad que siempre despertó el interés de Fabián: la producción ganadera. “Hace dos años que empecé con la ganadería. Soy un apasionado de los animales, siempre me gustó. Un día, en un asado, un amigo me contó que tenía búfalos. Le miré y le dije: ‘yo quiero empezar a criar búfalos’”.

“Con la decisión tomada, apenas compré los primeros 3 animales, ya me hicieron parte de la Asociación Búfalos del Iberá y desde ahí no paré más. Hoy tenemos 182 búfalos en stock”, resumió.

El sistema productivo que desarrollan junto a Carolina es integral: “Hacemos cría, recría, engorde y venta de animales. Pero, además, empezamos a agregar valor”, explicó. En ese camino surgieron los embutidos, una tradición familiar que decidieron transformar en negocio.

“Venimos con la costumbre de hacer salames para consumo propio, como nos enseñaron nuestros nonos. Un día nos dijeron: ‘¿por qué no hacen salame de búfalo?’ y así arrancó”, contó. La elaboración mantiene el espíritu artesanal: “seleccionamos la carne de búfalo y de cerdo para hacer un blend propio, hacemos un molido grueso, agregamos tocino, condimentamos y amasamos. Después se embute y se deja estacionar en una sala acondicionada”.