EL PODER DE COMPRAS PARTIO AL AGRO ENTRE GANADORES Y PERDEDORES
El Monitor Insumo-Producto de CONINAGRO mostró una mejora de la oleaginosa frente a inversiones, mientras otros sectores aún necesitaron más producción para cubrir costos claves.
La soja terminó el ciclo 2025/26 con señales de recomposición en su poder de compra, especialmente frente a bienes de capital e inversiones vinculadas a la actividad. Este escenario marcó un cambio relevante para una cadena que venía atravesada por costos altos, márgenes ajustados y decisiones productivas condicionadas por la relación entre precios e insumos.
Según el Monitor Insumo-Producto elaborado por CONINAGRO, la soja cerró el ciclo con una mejora en su capacidad de compra frente a la maquinaria y los vehículos. En mayo de 2026 se necesitaron 1.283 toneladas para adquirir una cosechadora, contra 1.768 toneladas un año antes, lo que representó una baja del 27%; mientras que para una pick-up se requirieron 115 toneladas, frente a 138 toneladas en mayo de 2025, con una mejora del 17%.
Para comprar un litro de glifosato se necesitaron 15,2 kilos de soja, contra 14,6 kilos el año anterior, con una suba del 5%; y en el caso del gasoil, la relación pasó de 4,4 a 5,1 kilos por litro, equivalente a un aumento del 17%. En cambio, el flete de 300 kilómetros mostró una leve mejora, al bajar de 132,7 a 130 kilos por tonelada, una variación negativa del 2%.
Un alivio que no fue uniforme
El propio relevamiento de CONINAGRO planteó un cierre con contrastes, donde algunos productos mejoraron su posición relativa y otros continuaron bajo presión por el encarecimiento de insumos básicos. Ese contraste quedó reflejado en el caso de la yerba mate, donde la relación insumo-producto mostró un deterioro generalizado.
Según el informe en mayo de 2026 se necesitó más hoja verde que un año antes para cubrir gastos. Para el glifosato, la relación pasó de 15,2 a 26,8 kilos de yerba por litro, con una variación de 11,6 kilos. En el empleo rural, el indicador avanzó de 2,0 a 2,8 toneladas por unidad, mientras que en MAP subió de 3,3 a 5,2 kilos por kilo de fertilizante.
El mayor deterioro se observó en el gasoil, ya que en mayo de 2025 se necesitaban 4,6 kilos de yerba para comprar un litro, pero en mayo de 2026 esa relación trepó a 9,0 kilos. La variación fue de 4,5 kilos adicionales, equivalente a un aumento del 87%.
En el caso del trigo, en mayo de 2026 se necesitaron 4,2 kilos del cereal para comprar un kilo de urea, frente a 2,6 kilos en mayo de 2025, lo que representó un aumento del 60%. El gasoil también exigió más producción, ya que pasó de 6,0 a 7,7 kilos por litro, con una suba del 30%, mientras que el flete de 300 kilómetros avanzó de 180 a 196 kilos, equivalente a un incremento del 9%.
Sin embargo, para adquirir una cosechadora se requirieron 1.930 toneladas de trigo, contra 2.400 toneladas un año atrás, una baja de 470 toneladas y una mejora del 20% en el poder de compra. Mientras que en semillas, la comparación interanual marcó una suba del 7% en la cantidad necesaria.
En maíz, el mayor salto se dio en la urea, donde la relación pasó de 2,9 a 5,0 kilos por kilo, con una variación del 73%. También se encareció el gasoil, que avanzó de 6,5 a 9,0 kilos por litro, y el flete de 300 kilómetros, que pasó de 195 a 288 kilos, con un aumento del 17%.
Al igual que en trigo, la maquinaria mostró una señal favorable, ya que la cantidad necesaria para comprar una cosechadora bajó de 2.601 a 2.253 toneladas, una mejora del 13%. En cambio, la semilla de maíz híbrido demandó 857 kilos por bolsa de 40 kilos, frente a 788 kilos un año antes, con una suba del 9%.
El margen de la ganadería
La carne bovina presentó el escenario más favorable entre los productos relevados. Para comprar maíz se necesitaron 56,3 kilos de carne por tonelada, contra 70,3 kilos en mayo de 2025, una mejora del 20%. También bajó la cantidad requerida para alfalfa, tractor y pick-up, con reducciones del 25%, 22% y 20%, respectivamente.
La única señal negativa para la ganadería apareció en el combustible, donde la relación con el gasoil pasó de 0,45 a 0,51 kilos de carne por litro, lo que implicó un aumento del 12%. Aun así, el resto de los rubros mostró una mejora relevante en la capacidad de compra del sector.
En el caso de la lechería, la presión de costos fue más marcada: el litro de leche al productor perdió poder de compra frente al maíz, que pasó de 454 a 523 litros por tonelada, y frente al gasoil, que subió de 2,9 a 4,7 litros por litro, con una variación del 61%. También aumentó la cantidad necesaria para cubrir el salario, de 1.771 a 2.195 litros, equivalente a una suba del 24%.
La alfalfa demandó 18,2 litros de leche por kilo de semilla, frente a 17 litros en mayo de 2025, mientras que la ternera mostró una variación casi neutra, pasó de 2.137 a 2.108 litros por unidad, con una mejora del 1%. Así, el tambo quedó entre las actividades donde los costos operativos siguieron recortando margen.
El Monitor Insumo-Producto volvió a mostrar que la competitividad del agro no se define solo por el precio de venta, sino por la velocidad a la que se mueven los costos frente a cada producción. En este escenario, la soja mostró una recomposición puntual que puede dar algo de aire para planificar inversiones, pero el deterioro en otras cadenas confirma que el margen sigue condicionado por una situación muy dispar entre actividades.