PASO DE TENER 300 EMPLEADOS A PARALIZAR SU PRODUCCION: EL DRAMATICO FINAL DE UNA CONOCIDA MARCA DE GALLETITAS
La empresa Tía Maruca confirmó el cierre definitivo de su planta industrial en Albardón, San Juan, después de casi tres décadas de actividad. La fábrica llegó a emplear a más de 300 trabajadores directos y ahora los empleados reclaman la correcta liquidación de sus indemnizaciones.
La firma de galletitas Tía Maruca confirmó el cierre definitivo de su planta industrial principal en la localidad de Albardón, provincia de San Juan. La compañía puso fin a una trayectoria de casi tres décadas en el mercado nacional y dejó a decenas de personas sin empleo. Durante los últimos meses, el establecimiento venía operando a un ritmo muy por debajo de su capacidad instalada, hasta que la empresa decidió frenar por completo su producción. La medida generó un fuerte impacto en la región, donde la planta era un motor económico para Albardón y sus alrededores.
La historia de la marca y su salto industrial
La historia de Tía Maruca comenzó en 1998 como un proyecto familiar enfocado en la elaboración de galletitas con recetas de estilo artesanal. El gran salto industrial de la marca ocurrió en 2017, cuando adquirió el histórico predio sanjuanino de la ex planta de Dilexis. Aquella apuesta comercial buscaba expandir la capacidad productiva para abastecer tanto al mercado interno como a los envíos de exportación. En sus picos de máxima actividad, la planta llegó a emplear a más de 300 trabajadores directos, convirtiéndose en un pilar económico fundamental para el departamento de Albardón y sus alrededores.
Las causas que llevaron al cierre de la fábrica
Entre los factores que precipitaron el cierre, la empresa atravesó una paralización del consumo y una fuerte caída en la demanda de alimentos masivos. En los primeros meses de 2026, la fábrica funcionaba apenas al 52% de su capacidad instalada, lo que disparó de manera crítica los costos fijos por cada unidad elaborada. A eso se sumó la suba de insumos clave, como la harina y el azúcar, que redujo al mínimo los márgenes de rentabilidad. También influyeron la dificultad para acceder a créditos con tasas sostenibles y la creciente competencia contra marcas de bajo costo y productores regionales, que terminaron de acorralar las operaciones.
El conflicto laboral tras el cierre
El cese total de actividades trajo como consecuencia inmediata el envío de telegramas de despidos a los empleados. Tras los anuncios, trabajadores del establecimiento realizaron protestas frente a los portones de la fábrica en Albardón. Actualmente, las partes avanzan en instancias administrativas y de negociación gremial, con reclamos enfocados en la correcta liquidación de las indemnizaciones conforme a la ley vigente. La situación mantiene en vilo a los trabajadores y a la comunidad de Albardón, que sigue de cerca la resolución del conflicto