29 de septiembre de 2026

REBOTE, AJUSTE Y FABRICAS QUE CIERRAN: LOS TRES DATOS QUE CONTRADICEN LA PROMESA DE MILEI

REPUTO

El Gobierno habla de liderazgo regional, pero los datos muestran una economía que apenas se recupera tras la caída del inicio de la gestión Milei. Sin empleo ni industria, Argentina está lejos de encabezar el ranking latinoamericano.

“Vamos camino a ser el país con mayor crecimiento de la región”, afirmó el presidente Javier Milei en redes sociales, en un intento por defender el rumbo económico de su gestión. Sin embargo, lejos de ese diagnóstico, los datos muestran una realidad bastante distinta: el crecimiento que exhibió Argentina es, en gran medida, un rebote tras la caída previa, convive con una fuerte destrucción del entramado productivo y, además, pierde sustento cuando se lo compara con el conjunto de los países de la región.

Al respecto, detrás del relato oficial, tres elementos permiten poner en cuestión la idea de un liderazgo económico del modelo libertario: no se trata de un crecimiento estructural sino estadístico; se expande sin generar empleo ni fortalecer la industria; y se apoya en una comparación parcial que omite a las economías que efectivamente muestran mejores desempeños.

Rebote versus crecimiento estructural

“Spoiler para el lector: hay una única lectura, es falso que estemos mal. La única razón por la que esta vez está siendo diferente es precisamente porque hemos ordenado el desastre heredado, y porque vamos camino a ser el país con mayor crecimiento de la región”, sostuvo recientemente el jefe de Estado en un mensaje publicado su cuenta de «X», en un intento de justificar el programa económico de su gestión.

Sin embargo, el mayor crecimiento que promete Javier Milei es, en realidad, un rebote tras la caída previa, que no ubica al país como líder regional y que convive con una economía que sigue destruyendo industria y empleo. Pese a los argumentos del oficialismo tres puntos desmienten, una vez más, al Presidente.

Por un lado, las perspectivas para la actividad económica de este año son, cuanto menos, poco alentadoras: un crecimiento por arrastre, pero sin señales de recuperación sólida. Al respecto, el rebote estadístico heredado convive con una economía real débil y un programa económico que sigue atado al ancla salarial (tope de aumentos) en un intento por controlar la inflación (acumula diez meses al alza) pero con efectos concretos en el consumo, la recaudación y el nivel de actividad.

En esa línea, la economía argentina creció el año pasado (EMAE-INDEC: +4,4% promedio anual), pero más del 80% del crecimiento (3,6 puntos) se explicó por el arrastre estadístico de 2024, no por un dinamismo propio del año. De hecho, según lo precisó un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA CONICET) el crecimiento “genuino” del año fue muy bajo (0,8 puntos).

De forma más detallada, un tercio del crecimiento provino de Impuestos netos de subsidios (no producción real) y otro aporte clave fue de Intermediación financiera, que creció en parte por el spread de tasas, no por mayor crédito real. De hecho, el centro económico estimó que si se excluyen estos componentes el crecimiento bajaría del 4,4% a 2,7%.