TRABAJAR CON LA PANZA VACIA: 8 DE CADA 10 TRABAJADORES SUFREN INSEGURIDAD ALIMENTARIA
Un informe de la UCA reveló que la inflación y los bajos salarios afectan la alimentación de los trabajadores y sus familias: la gran mayoría reduce calidad o cantidad de alimentos. El 61,1% de los asalariados reconoció haber omitido alguna comida por falta de plata.
La pérdida de poder adquisitivo que genera el modelo económico de Javier Milei comienza a impactar con fuerza en un aspecto cotidiano y esencial: la alimentación durante la jornada laboral. Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que la gran mayoría de los trabajadores asalariados enfrenta dificultades para comer adecuadamente en el trabajo debido a la presión de la inflación sobre los salarios. En concreto, la inseguridad alimentaria alcanza a más de 8 de cada 10 trabajadores
El estudio advirtió que la inseguridad alimentaria entre trabajadores formales se volvió un fenómeno extendido, con recortes tanto en la cantidad como en la calidad de los alimentos consumidos durante la jornada laboral. Según la investigación, apenas el 16,5% de los asalariados está libre de privaciones alimentarias. En contraste, el 83,5% experimenta algún tipo de vulnerabilidad, lo que refleja el deterioro del poder adquisitivo en un contexto de inflación persistente.
La problemática se manifiesta de dos maneras principales: reducen las porciones o reemplazan alimentos nutritivos por opciones más baratas. Este fenómeno aparece como una consecuencia directa de la crisis de ingresos, que obliga a muchos trabajadores a ajustar su gasto en alimentos incluso durante el horario laboral.
La investigadora responsable del informe, Ianina Tuñón, advirtió que los ingresos de gran parte de la fuerza laboral no alcanzan para cubrir el costo de alimentarse durante el trabajo, lo que obliga a priorizar otros gastos esenciales.
Saltear comidas: una práctica cada vez más frecuente
Uno de los datos más alarmantes del informe es la cantidad de trabajadores que directamente dejan de comer durante su jornada laboral. El 61,1% de los asalariados reconoce haber omitido alguna comida por falta de recursos: el 46,7% lo hace ocasionalmente y el 14,4% de forma habitual.
La situación se vuelve aún más crítica entre los trabajadores jóvenes. En el segmento de 18 a 29 años, el 70,7% admite saltear comidas, un fenómeno asociado a salarios iniciales más bajos y mayor precariedad económica. Además, el informe reveló que casi uno de cada cuatro trabajadores (22,6%) no consume ningún alimento durante su jornada laboral, lo que expone un nivel de vulnerabilidad alimentaria significativo incluso dentro del empleo formal.
Menos calidad nutricional para enfrentar la inflación
La inflación también impacta en el tipo de alimentos que consumen los trabajadores. El 78,5% reconoce haber reemplazado comidas nutritivas por alternativas más económicas, lo que implica un deterioro en la calidad nutricional de la dieta.
Dentro de ese grupo, el 24,6% afirma que esta práctica ya se volvió habitual, consolidando un patrón alimentario de menor calidad como forma de ajuste frente al aumento del costo de vida. El problema se agrava por el precio de las comidas fuera del hogar. El informe señala que almorzar durante la jornada laboral implica un gasto elevado:
El 43,9% de los trabajadores desembolsa entre $5.001 y $10.000 diarios.
Un 20% gasta más de $10.000 por día para alimentarse en el trabajo.
Esto transforma la comida diaria en un verdadero “costo operativo” que reduce el salario real, en un contexto de salarios que no logran seguir el ritmo de la inflación.
Desigualdades según ingresos y condiciones laborales
El informe también detectó importantes desigualdades según ingresos y condiciones de trabajo. Por ejemplo, entre quienes ganan hasta $ 800.000 mensuales, el 41,8% considera que su alimentación es poco saludable. En cambio, entre los trabajadores con ingresos superiores a $ 2.000.000, esa proporción baja al 23,8%.